Jà Fritta, pasión napolitana

La pizza frita es una especialidad de la gastronomía napolitana que nació gracias a la creatividad del pueblo durante los duros años de la posguerra.

En ese momento, en Nápoles, la pizza al horno tradicional se había convertido en un verdadero lujo, no sólo porque muchos hornos habían sido destruidos durante los combates para liberar la ciudad, sino también porque la materia prima era escasa y muy cara.

Se necesitaba un producto barato que fuera fácil de preparar, pero sobre todo que estuviera al alcance de los clientes hambrientos; por lo tanto se pensó freír la masa en aceite o manteca de cerdo, la cual, al hincharse, daba una sensación de mayor saciedad. Como relleno se utilizaba todo lo que estaba disponible, por ejemplo el “ciccioli”, que eran finos trozos de grasa de cerdo descartados para otros fines y especialmente el queso “ricotta”, muy barato y que fue traído a la ciudad por los agricultores.

Gracias a este concepto nació la pizza frita “ogge a otto” es decir, lo compras hoy y lo pagas después de ocho días, considerándose por ello la hermana pobre de la pizza horneada.

La vendedora más famosa de pizzas fritas es Sophia Loren, que en la película “El oro de Nápoles”, grita: “¡comed hoy y pagad en ocho días! ”.

Jà Fritta, pasión napolitana

Durante estos años la pizza frita fue elaborada por las mujeres mientras sus maridos salían en busca de trabajo, convirtiéndose así en una creación típicamente femenina. Ellas preparaban la pizza dentro de casa o a pie de calle, abriendo las puertas de los famosos “bassos” napolitanos e impregnando el barrio de deliciosos aromas.

Y así fue como los napolitanos inventaron la pizza frita, también llamada “pizza de la gente”.

Jà Fritta, 100 años de tradición

La historia de la familia D’Elia comienza en 1918, fecha que indica el año en el que Gennaro D’Elia aprendió el arte del “pizzaiolo”.

Era un niño, de hecho uno “scugnizzo” – asì es como llaman en Napolès los chicos callejeros  – que vivía en Salita Arenella, donde su madre para llevar a cabo la familia vendía salvado para caballos, o “Vrenna”, y es por esa razon que la llamaban “A Vrennaiola”.

Siendo uno “scugnizzo” Gennaro vagaba todos los días por la ciudad, pero todo comienza en Piazza Carità,

donde el pobre chico a menudo se quedaba fuera de la Pizzería Mattozzi para recoger algo de comida.

Entonces uno de los hermanos Mattozzi, que lo veia todos los días por ahi, decidió llevarlo con él a la pizzería enseñándole el “mestiere”, el arte de la pizza.  Su trabajo en la pizzería durò varios años, pero más tarde y después de la última guerra, empezò con su esposa Anna a vender las famosas pizzas fritas “a ogge a otto” en su vecindario.

Jà Fritta, pasión napolitana